Ocho personas, seis en silla y dos a pie, mantienen viva en Tudela una disciplina que iguala las capacidades para el arte y la expresión artística.

Nadie lleva a nadie ni marca el paso del otro porque la cuestión es bailar. Y la música, que se sepa, no se hizo solo para los que van a pie. De esas cuestiones universales se nutre el grupo de baile en silla de ruedas Lua que Amimet (Asociación de personas con Discapacidad Física de la Ribera) mantiene y sostiene en Tudela desde hace 14 años, cuando una afortunada casualidad hizo que el recorte de una revista llegara a manos de “una serie de gente a la que nos gustaba bailar de siempre”.

Lo recuerda Txaro Berzosa, incansable espejo y reflejo de los derechos de las personas con diversidad funcional, con la satisfacción de haber conseguido que aquel proyecto creciera en cantidad y en calidad. “Se organizó la primera charla y nos empezamos a enganchar. Aquello era bailar y bailar. Hicimos cursillos con gente de Holanda, un país en el que está muy extendida esta disciplina y en el que ya hemos estado dos veces en campeonatos. Fue el inicio y hasta ahora”, dice.

En la actualidad, ocho personas permanecen fieles a las sesiones que tienen lugar todos los miércoles, con permiso del verano, en las instalaciones de Ribotas en Tudela. Dos de ellos acuden a la cita “a pie”, como es el caso de Ana María Zubeldía, casada hace 30 años con Javier Ojuel. “Estamos juntos desde que prácticamente éramos niños. Empezamos en el grupo de baile en silla de ruedas desde el principio y, sobre todo a mí, esto me enganchó enseguida. A Javi le encantaba la música y el baile, mucho más que a mí y yo comencé por acompañarle a él”, reconoce. Su marido, que no siempre pareja de baile, apunta que “antes de tener el accidente, sí que bailaba, cuando había verbenas y cosas así. Pero una vez que te quedas en silla de ruedas, la cosa cambia. De todas formas, en silla tengo mi estilo y claro que bailo”, dice mientras Ana María, partida de risa, cae en la cuenta de que “ni siquiera de novios salíamos a bailar”.

cosa de iguales Tango, pasodoble, samba, cha-cha-chá… El repertorio de las sesiones de Lua, el grupo de Amimet, es tan variado como gustos tienen sus integrantes, ya lanzados a nuevas experiencias en una disciplina que está catalogada como deporte, pero que aporta a sus seguidores mucho más que el ejercicio físico. “Con el baile en la silla ponemos en marcha nuestra estabilidad, la coordinación, la expresión… Además, en este grupo en concreto explica Txaro Berzosa tenemos una intención muy clara de ir introduciendo nuevas cosas al margen del típico baile de salón”. En este sentido, el grupo Lua también ofrece cursillos de danza. “Adornamos el dos más dos son cuatro de un pasodoble, de los pasos de siempre. La danza nos permite crear coreografías y expresarnos de forma más libre y creativa”, explica Berzosa.

Aferrados a un proyecto que abre las limitadas, y tantas veces ignoradas por las administraciones, posibilidades de ocio de las personas con diversidad funcional, desde Amimet no cejan en su empeño de “avanzar en el aprendizaje y la creatividad del baile y la danza como expresión universal”. Y en la misma línea, con sus movimientos sobre dos ruedas, ejercen y hacen visibles “los derechos y capacidades de todas las personas”. En ese punto, Txaro Berzosa incide una y otra vez: “Encontramos barreras en todo: en la cultura, en la expresión artística, en el ocio, en la vida cotidiana… El baile es una más. Pero este proyecto está abierto a todo el mundo porque desde el principio hemos querido ofrecer una actividad diversa en su composición, es decir, que nunca hemos querido decir que la gente en silla de ruedas baila sino que el baile, como cualquier actividad artística, es de todo el mundo”. Por eso, en su taller las puertas están abiertas de par en par. “Que la gente no se corte, que vengan y que aprendan. Que sepan que se puede bailar de pie con nosotros e, incluso, probar en silla”. En este punto, Ana María Zubeldía da en el clavo al decir que “en nuestro caso, bailamos los dos y aunque él vaya en silla y yo no, no tiro de él, al contrario. Sin la tensión adecuada sería imposible. Esto es cosa de dos, de dos iguales”, reitera.

Sobre el futuro de esta iniciativa, que se ha visto obligada a una lanzar una campaña de solicitud de donaciones para sostener su proyecto, Berzosa comenta que “necesitábamos 1.500 euros para mantener el sueño y poder seguir ofreciendo talleres, sesiones y participar en concursos nacionales e internacionales. Hemos conseguido 750 y si en tres días no llegamos a los 1.500 devolveremos lo recaudado a aquellos que así lo deseen”. Sea como sea, ellos seguirán en danza.

Diario de Noticias, jueves 14 de agosto de 2014.