Las mujeres con discapacidad son la población más vulnerable y también la más perjudicada por la crisis, pero luchan por ser visibles y evitar su marginalidad

Mari Luz Sanz Escudero preside desde hace un par de semanas el Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad de Navarra-Nafarroa (Cermin, antes Cormin), que es la plataforma de la discapacidad de Navarra. Ya ha ocupado puestos de responsabilidad en este ámbito y conoce en primera persona este mundo, las limitaciones e inquietudes.

¿Cuántas mujeres conviven con alguna discapacidad en Navarra?

-El número de personas con discapacidad en Navarra es de 41.600 de las que 24.500 son mujeres. Por tramos de edades hay 2.400 mujeres de 6 a 44 años, 3.500 de 45-64 años, 1.800 de 65-69 años, 2.300 de 70-74 años, 3.600 de 75 a 79 años y 11.000 de 80 y más años. A esto habría que añadir las mujeres con personas con discapacidad a cargo.

¿Han sido las paganas de la crisis? ¿Son en este momento las personas más vulnerables?

-Como otros muchos colectivos, el nuestro ha sufrido la crisis y desgraciadamente las mujeres con discapacidad mucho más que los hombres con discapacidad. Esto es debido a que si antes de la crisis estaban en situación de desventaja ya que históricamente han tenido menores oportunidades de acceso a recursos educativos, laborales, etc. con la crisis estos aspectos han pesado aun más por su baja formación, poca participación social, mayores índices de paro.

¿Que mensaje quiere dar con motivo del Día de la Mujer?

-El mensaje tiene que ser en positivo. Las mujeres con discapacidad son mujeres activas, independientes que quieren ejercer sus derechos y responsabilidades dentro de la sociedad en las que les ha tocado vivir.

¿Que reivindican las mujeres con discapacidad?

“El trabajo en las organizaciones ha generado un movimiento feminista que ha logrado que cale el discurso”

“Las madres de hijos con discapacidad tienen que dejar su profesión y, a los años, el retorno a la vida laboral es muy difícil”

-En primer lugar, ser visibles ya que su invisibilidad conlleva una mayor marginalidad y pobreza poniéndolas en situación de desventaja. Acceso a la educación y capacitación, lo que les permitirá acceder a una mayor formación con el consiguiente acceso a puestos de trabajo mejores. Medidas de acción positiva para el acceso y retención del empleo, promoción a puestos directivos, etc. Recibir la asistencia y apoyo que necesiten para acceder a todos los servicios disponibles, en especial los relacionados con la violencia contra las mujeres y en los servicios sanitarios. Y una participación efectiva en todos los ámbitos de la vida de una forma autónoma e independiente.

¿Ha habido avances en los últimos años?

-Si porque se ha trabajado dentro de las organizaciones y en las familias para que las mujeres sean objetos activos y reivindicadores de sus derechos. Ello ha generado una corriente “feminista” dentro del movimiento de la discapacidad que ha logrado que cale el discurso dentro y hemos sido capaces de hacerlo visible también fuera de nuestro colectivo. Pero los avances son muy lentos y la crisis los ha ralentizado justo cuando empezaba a dar frutos el trabajo que muchas mujeres de nuestras entidades llevan realizando desde hace más de 10 años.

¿Quienes son las mujeres con discapacidad que en este momento están peor?

-Las mujeres mayores porque no tienen formación, las de los entornos rurales porque no cuentan con muchos de los servicios que se disponen en las ciudades, las que tienen multidiscapacidad porque muchas veces no acceden a todos los recursos que necesitan y las mujeres con discapacidad inmigrantes por razones evidentes.

¿Qué ocurre con las mujeres, madres, esposas, hermanas, hijas etcétera de personas con discapacidad que tienen que ocuparse de ellas y abandonar su profesión?

-Estos colectivos son muchas veces los olvidados. En la práctica muchas veces dejan su trabajo para cuidar a sus familiares con discapacidad. En el caso de madres de niños con discapacidad, son mujeres jóvenes en el comienzo de su vida profesional que la tienen que abandonar y que para cuando quieren volver, entrar nuevamente les resulta muy difícil. Muchas de nosotras pertenecemos a órganos de gobiernos de nuestras entidades, cargos que conllevan mucho trabajo y responsabilidad y que no están remunerados, como no debe ser de otra manera. La verdad es que no se articula ninguna medida de flexibilización que permita continuar trabajando.

¿Qué soluciones, recursos, ayudas se le ocurren a este respecto?

-La verdad es que no se han realizado muchas acciones en este sentido. Se podría posibilitar formas flexibles de jornadas laborales a mujeres con discapacidad y a madres de niños/as con discapacidad, realizar campañas de concienciación para eliminar las actitudes negativas de los empresarios/as hacia las mujeres con discapacidad, reducir la jornada laboral en un porcentaje flexible que permita atender las necesidades de atención de los hijos/as con discapacidad en el sector privado, aumentar los periodos de excedencia con reserva del puesto de trabajo para madres con discapacidad y madres con hijos con discapacidad, considerar como cotizado a la seguridad social el tiempo de excedencia por el cuidado de hijos o familiares con discapacidad, etc. Seguro que si nos ponemos a pensar todos, se nos ocurren muchas cosas que podemos hacer cada uno de nosotros en nuestro ámbito para mejorar la situación.

Diario de Noticias, domingo 8 de marzo.